Reflexiones sobre la evaluación
Me sumo al tan manido y recurrente tema de la evaluación, que en los últimos días está corriendo como la pólvora por los diferentes blogs, para hacer una(s) reflexión(es) sobre mi evaluación como profesor.
Empiezo por el bachillerato. En este nivel, que no tiene nada que ver con la ESO, en el que los contenidos son lo principal, en el que la forma de transmitirlos es crucial y en el que los alumnos, por sus carencias heredadas de un sistema que no los enseña a estudiar-memorizar (me adhiero al Panfleto antipedagógico porque ya era hora de que alguien pusiera por escrito lo que la inmensa mayoría pensamos, pero sólo comentábamos en petit comité), los resultados de los sobrevivientes (casi todos repetidores que han tardado casi dos años en darse cuenta de que las orientaciones que les daba no eran para "putearlos", sino para aprobar), por fin, me sacan de un pozo al que no le veía el fondo. A los otros, los que me han abandonado porque el bachillerato les venía grande, esos supervivientes de la ESO, que pensaban que BAT era supervivir, es decir, pasárselo a lo grande, sin dar golpe, y que se ponían a estudiar-leer la noche antes o que podían aprobar con "trabajitos", a ellos les deseo lo mejor en su nueva vida, sea supervida o sólo vida normal. No tienen la culpa.
¿Qué saco yo en claro como docente? Sencillamente que mi planteamiento es el correcto (modestia a parte). Que quienes quieren seguirme, lo pueden hacer; y que aún pueden dar más de sí, D.M., en cursos venideros. Sólo les falta voluntad para estudiar.
Las dudas me venían en la ESO y en la asignatura de Cultura. ¿He utilizado el método adecuado? Dar los contenidos justos - a sus capacidades o no, es otra cosa (¡qué vocabulario LOGSE tan pegadizo!) -. Hacerlos trabajar como hormigas, hacer que se lo pasen bien en clase para que no se den cuenta de que realmente están aprendiendo algo - esta era mi duda: ¿lo he conseguido?- Sustituir exámenes por trabajos o notas de clase - porque si te pones demasiado duro, al año siguiente te quedas sin alumnos o recibes, craso error, un grupo heterogéneo de alumnos excedentes de otras optativas y, como puedes todavía asumir más alumnos, todos los que llegan empezado el curso, inmigrantes o no, desconocedores del idioma o no, con el perjuicio que conlleva eso para el proceso enseñanza-aprendizaje (más vocabulario LOGSE).
La verdad, no sé si soy un profesor LOGSE, creo que no, sencillamente creo que tengo sentido común e imparto clase como yo las he recibido. Eso sí, obviamente mis modelos no han sido los profesores de la letra con sangre entra, de los que he tenido unos cuantos, sino aquellos que disfrutaban de su asignatura (unos nos hacían sangrar y otros no).
A qué viene este rollo quizás os preguntéis. Tal vez el estar a una semana de la OPOSICIÓN me haya hecho parar, entre tema y tema, y pensar si hacía lo correcto, si lo enfocaba así en la presunta encerrona, en caso de que llegue; si cambio algo, si... Han llegado en mi auxilio los pocos exámenes que he hecho en 3º y 4º para intentar salvar a alguna persona, que posiblemente no quería ser salvada, pues ha estado de brazos cruzados todo el trimestre. ¿Desmotivación, desgana? Pasotismo. Estoy seguro de que no han estudiado siquiera para la prueba (muy fácil, tipo test). Pues bien, sorprendentemente les ha ido bastante bien.
En eso consiste mi evaluación: Estoy muy satisfecho con el resultado y, pase lo que pase en la OPO, sé que enseño lo poco o mucho que sé y que los alumnos me entienden y aprenden, de lo que dudaba hace unas semanas.





